Ir al contenido principal
Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Fin y principio

En uno de sus más memorables poemas, Fin y principio, la poeta polaca Wislawa Szymborska nos recuerda que “Después de cada guerra / alguien tiene que limpiar. / No se van a ordenar solas las cosas, / digo yo. // Alguien debe echar los escombros / a la cuneta / para que puedan pasar / los carros llenos de cadáveres”. Y tres estrofas después dice: “Eso de fotogénico tiene poco / y requiere años. / Todas las cámaras se han ido ya / a otra guerra”. Siempre me ha conmovido esos versos en los que menciona que las cámaras ya se fueron a cubrir otra guerra dejando atrás a la de hoy, incluso olvidándola.

La guerra como espectáculo es un asunto tan antiguo como de actualidad. Recuerdo que en enero de 1991 comenzamos a ver en vivo y en directo, como si se tratara de un video juego, la llamada Operación Tormenta del Desierto. Bagdad era bombardeada frente a los ojos de miles de televidentes alrededor de todo el mundo mientras Whitney Houston cantaba su versión del himno de los Estados Unidos en el Super Bowl, despertando todas las emociones patriotas en el pueblo norteamericano. Era el otro espectáculo a la par del conflicto y una nueva forma de informar la guerra. A partir de allí, al menos mi generación, pudo ver, como si fuera sección de entretenimiento, las diferentes guerras que marcaron el fin del siglo XX y el comienzo del XXI desde aquellos bombardeos en los Balcanes y Sarajevo pasando por las Torres Gemelas, Irak, y Afganistán, hasta Ucrania y la reciente crisis entre palestinos e israelíes. “Todas las cámaras se han ido ya / a otra guerra”, pensarán en Ucrania en estos días cuya guerra con Rusia ya no ocupa los titulares recientes de los diferentes medios. Entonces vuelven las canciones y las emisoras comparten Solo le pido a Dios de León Gieco o Imagine de John Lennon. “Solo le pido a Dios / Que la guerra no me sea indiferente / Es un monstruo grande y pisa fuerte / Toda la pobre inocencia de la gente “. La canción de Gieco otra vez se erige como himno generacional que rechaza toda beligerancia y confrontación.

Pareciera que cada vez que estalla una guerra, la anterior queda relegada a los rincones del olvido, como si la memoria tuviera un límite finito, incapaz de retener el sufrimiento perpetuo. ¿Por qué olvidamos tan fácilmente las guerras pasadas? El poema de Wisława Szymborska, pinta un sombrío panorama de la indiferencia que sigue a los conflictos bélicos. La poeta nos recuerda que, tras la euforia inicial y el drama mediático, alguien debe hacer frente a las secuelas: limpiar y reconstruir. La sociedad a menudo se desinteresa una vez que las cámaras dejan de grabar, dejando a las víctimas a su suerte. Las cámaras, siempre ávidas de novedad, dejan atrás una geografía de la guerra para enfocarse en un nuevo teatro de horror. Pero el sufrimiento que dejan atrás sigue siendo palpable, real, esperando ser recordado. En la misma dirección también apunta el gran Bertolt Brecht: “La guerra que vendrá / no es la primera. / Hubo otras guerras. / Al final de la última / hubo vencedores y vencidos. / Entre los vencidos, / el pueblo llano pasaba hambre. / Entre los vencedores / el pueblo llano la pasaba también”.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales