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Rodrigo Lara
Puntos de vista

Un minimetro de sensatez

Ave María. Qué dilemas tan complejos los que plantea la obra del metro de Bogotá…Se trata de un debate que nos pone ante complejas encrucijadas, que al final, como todo acto de gobierno, deberán ser sopesadas y arbitradas a fin de tomar la mejor decisión para los bogotanos.

El punto de partida de este debate es reconocer que la ciudadanía está al borde de un ataque de nervios por la falta de un sistema de transporte masivo digno y rápido, es decir, de un metro. Para entender el grotesco atraso en infraestructura vial y de transporte público de Bogotá, no es necesario viajar a Europa o Norteamérica; basta con ir a Medellín, Santo Domingo, Quito, Santiago o alguna ciudad brasileña, para dimensionar nuestro retraso, causado, en buena parte, por la impostura y el carretazo que nos vendieron hace 25 años de que unos buses pegados hacían lo mismo que un metro.

También es importante entender cabalmente las características del metro que nos deja Peñalosa. Se trata de un viaducto de 14 metros que en varios tramos cruzará por estrechas avenidas y densos barrios residenciales en donde familias de estratos 2 y 3 tienen constituido su hogar, como es el caso de la avenida Villavicencio; lo cual, de por sí, es un acto de profunda desconsideración con familias a las que les van a tugurizar y criminalizar sus barrios.

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