
Tanto debate sobre el sistema de orquestas y la fórmula ya está inventada. La lideró el mismo presidente Petro cuando fue alcalde en Bogotá y le dio paso al Programa de Formación de la Filarmónica de Bogotá. La orquesta cuenta con 17 agrupaciones, muchas de ellas de música colombiana, que entienden que los procesos formativos deben ir más allá de lo clásico. 246.000 niños hoy saben de música sinfónica y tienen mejores aptitudes de aprendizaje. No hay que inventar nada más que eso. La fórmula ha sido tan exitosa que incluso ha sido política de ciudad más allá de las confrontaciones de egos y de alcaldes.
A propósito de lo anterior, el pasado 20 de abril se llevó a cabo el foro “Sonidos Insospechados, reflexiones para la política pública de la música en Colombia”. El comité organizador estuvo conformado por Clarisa Ruiz, docente, consultora en políticas culturales y codirectora de la Fundación Grupo Liebre Lunar; Óscar Hernández Salgar, director del Instituto Pensar; Juan Luis Restrepo, músico y gestor cultural y David Melo, consultor en políticas culturales.
Ellos y otros conferencistas, pensadores, intelectuales, gestores, creadores del sector cultural y más específicamente del musical, se sentaron a escucharse y debatir, a propósito del proyecto Sonidos para la paz y el avance del proyecto de Ley de la Música en el Congreso y que tendrá un recurso de más o menos 100.000 millones de pesos en la adición presupuestal que recibirá el Ministerio de Cultura.
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