
En medio de todas las complejidades que atraviesa el país en sus zonas rurales, hay pequeñas historias de éxito que dan esperanza, sobre todo a quienes vemos las enormes dificultades que surgen en medio de las confrontaciones armadas, las economías ilegales, la plaga de la corruptela y la paquidermia estatal.
Por allá en el año 2007, veía con angustia el marco de la operación Colombia Verde, donde se habían fumigado los cultivos de coca dentro del Parque Nacional La Macarena, posteriormente los choques violentos con comunidades campesinas en los procesos de erradicación forzosa, así como la muerte de policías y erradicadores por francotiradores y minas dentro de de los cocales.
Decenas de familias fueron sacadas de sus casas y llevadas a San José del Guaviare, donde eran tildadas de “guerrilleros o auxiliadores”. A su vez, desde el monte se les avisó que no podrían retornar porque ya “estarían infiltrados”. Un ambiente de guerra total era indescriptible y sin horizonte de esperanza.
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