
A pesar de que el presidente Gustavo Petro se atribuyó todo tipo de éxitos económicos en el discurso de defenestración de Benedetti y Laura Sarabia, las cosas no son del color rosa que las pintó.
Algunas van bien, por supuesto, como la moderación del déficit fiscal que en buena parte se debe a la disciplina de su Gobierno al haber mantenido la política de ajustes a los precios de los combustibles, aunque la dejada inmodificable del diésel puede traer problemas en el futuro.
Otras empiezan a mejorar tenuemente –gracias a la gestión del Banco de la República más que del Gobierno- como la inflación. Algunas, en cambio, siguen dejando mucho que desear. Tal es el caso del empleo y de la confianza empresarial. O el déficit de la balanza comercial que se debe más a desaliento en las importaciones que a un verdadero auge exportador.
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