
El debate sobre la política petrolera del país se ha centrado en discutir si se autorizan o no nuevos contratos de exploración. Es una discusión improductiva, extemporánea y que distrae de los verdaderos problemas de la producción de hidrocarburos y de la transición energética.
Además es una discusión que tiene mucha carga ideológica y política. De hecho entre 2014 y 2020 solo se realizó una ronda de adjudicación en 2016, pero en esa ocasión no se firmaron nuevos contratos. Es decir, cinco años sin nuevos contratos y nunca se generó ningún debate.
Es muy probable que en unos años si se necesite adjudicar nuevos contratos de exploración, pero en el corto y mediano plazo al país no le va a pasar nada si en dos o tres años no se firma ninguno, porque hay suficiente actividad exploratoria en marcha, y porque el resultado de los nuevos contratos toma tiempo en materializarse.
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