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Juan Fernando Cristo
Puntos de vista

Salvar el cambio

Más allá del escándalo doméstico de la niñera de Laura Sarabia y Armando Benedetti, que escaló a las graves sindicaciones de chuzadas ilegales y financiación irregular de la campaña presidencial, que esperamos sean investigadas de manera oportuna, imparcial y objetiva por las autoridades correspondientes, la semana que pasó sin duda alguna es la más dura para el jefe de Estado desde que asumió el poder. A pocos días de culminar el primer año de sesiones del Congreso, es evidente que el Gobierno perdió sus mayorías parlamentarias y su ambiciosa agenda de reformas sociales no tiene posibilidades de salir adelante. Por el contrario, es posible que esta semana no solo siga empantanada la reforma a la salud, sino que en la Comisión Séptima de Cámara se archive la reforma laboral. A pesar de que muchos críticos se alegren, esas no son buenas noticias para el país.

Colombia requiere profundas transformaciones sociales, frustradas desde hace más de un siglo. Las mayorías ciudadanas votaron por ese espíritu de cambio. Más que por el contenido de las reformas, lo hicieron por un sentimiento de hastío con el establecimiento, representado en su versión más inútil e indolente por el gobierno Duque. La obligación del Gobierno de Petro es concertar esos cambios, no imponerlos. Y con la crisis desatada cada vez será más difícil. Las reformas impuestas nunca salen bien y no son sostenibles en el tiempo. La actitud oficial, radical y arrogante, impide viabilizar una agenda reformista y hace flaco favor a la derecha recalcitrante que defiende sus privilegios y considera que el país no necesita ninguna transformación, que la desigualdad y la exclusión no son motivo de preocupación y juega duro por mantener el statu quo.

El gobierno en forma terca y equivocada dilapida una oportunidad única e irrepetible, en la que muchos de quienes integran el denominado establecimiento demuestran disposición a ceder, avanzar y concertar las reformas sociales. Comprenden que se debe escuchar la voz mayoritaria de los colombianos, expresada en las calles en 2019 y 2021, y en las urnas en 2022.Todavía hay tiempo de rectificar y dialogar, de buscar consensos que no se pueden asumir como debilidad. En 1991 el presidente Gaviria se embarcó en su propósito de la apertura neoliberal, convencido de la necesidad de abrir el país al mundo, modernizarlo en el contexto global del consenso de Washington. Surgieron entonces voces críticas, incluso en el interior del propio gobierno, que pidieron que las reformas privatizadoras se hicieran en forma gradual, con el fin de evitar grandes daños al aparato productivo y al agro. El gobierno de entonces logró las mayorías para imponer su visión en forma acelerada, no escuchó los llamados a la moderación y dejó atrás muchos damnificados que se hubieran podido evitar sin sacrificar su propuesta modernizadora que resultó positiva para sectores como los servicios públicos, puertos o la misma salud.

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