
Aterrizando en el vuelo proveniente de La Habana, abro el celular y veo la noticia de los cuatro hermanos indígenas encontrados vivos y rescatados. Grité con emoción enorme y mis compañeros de delegación con euforia, nos abrazamos después de ver las primeras imágenes. Hacía unas semanas, en esta misma columna, había escrito cómo soñaba con verlos salir de la selva, vivos, y como en un cuento fantástico, allí estaban, los cuatro.
No he podido dejar de pensar en lo sucedido; he tratado de imaginar, todas estas noches en el monte, húmedo, espeso, difícil de trochar, más aún, en esas condiciones.
Recordé todas esas faenas de largas trochas, sudando con la ropa entrapada y oliendo a selva, con mis compañeros indígenas, buscando “varaderos”, esquivando cananguchales, sacando garrapatas y matando zancudos.
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