
Guardar silencio. Esa fue la decisión que tomó el presidente del Fondo Nacional del Ahorro, (FNA), Gilberto Rondón, en el marco de la diligencia citada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, que lo había requerido para que entregara su declaración por el escándalo en el que quedó evidenciado la entrega de mermelada o puestos a más de 19 congresistas a cambio de un posible apoyo a las reformas del Gobierno nacional.
Según Rondón, las revelaciones contra él solo fueron una estrategia para “acabar con su dignidad”. Sin embargo, se le olvida al presidente de ese banco que la investigación publicada por W Radio, contó con todas las pruebas, documentación y hasta el número total de las hojas de vida que cada senador o representante del Partido Liberal le entregó y que reflejaban una conducta bastante irregular que puede, incluso, configurar un cohecho por parte de este funcionario.
Aunque, en un hecho poco común, las autoridades de control actuaron rápidamente contra Rondón y contra los congresistas mencionados en el escándalo y los han requerido para que expliquen qué fue lo que pasó, llama la atención que el presidente Gustavo Petro lo mantenga en el cargo. Sorprende que, aunque hace tres semanas se le pidió la renuncia, el presidente del FNA, hoy siga gozando de los privilegios que tiene al liderar una entidad con un presupuesto tan robusto y que siga teniendo el poder para hacer y deshacer en el interior de la misma.
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