
Despunta el 2024 lleno de contradicciones. Acabamos de pasar el año más caliente registrado en la historia reciente y por nuestro territorio se asoma un verano “tendido,” como dicen en las sabanas, es decir, sin asomos de lluvias entreveradas.
En muchos territorios, la presión de la guerra entre grupos armados apenas si ha dejado respirar a la población, entre extorsiones, reclutamientos y vinculación con economías ilegales, entre otros males. Los nuevos mandatarios locales y regionales hacen sonar las trompetas de la seguridad, prometiendo restaurar un orden que nunca ha existido.
En esa carrera contra el tiempo que implica adaptarnos y mitigar ese cambio climático, esperaba oír algún discurso atractivo. Nada, áridos e insípidos planteamientos, como de quienes aún viven en la burbuja de la planeación urbana desprovista de conciencia ambiental. ¿Qué se necesita para que haya algún nivel de atención real y serio? La mayoría de ciudades del mundo han experimentado “golpes de calor” en estas épocas de verano, que son incrementadas de manera sinérgica por el asfalto y el concreto, que actúan reteniendo e incrementando la temperatura ambiente y la de las superficies de viviendas. Cientos de personas mueren al año en estos picos de temperatura, muchos de ellos ancianos y niños que, en condiciones de vulnerabilidad, fallecen ante estos eventos extremos.
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