
Una reciente crítica de León Valencia a Mario Hernández, a propósito de una entrevista que le hicieron en El Tiempo, me recordó la historia del armadillo ahogado. ¿Estamos dejando sin respiración a nuestros empresarios, sin medir las consecuencias? Cómo la ideología puede nublar la comprensión del mercado laboral y afectar a toda la economía.
La situación me trae a la mente una impactante anécdota del libro El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez. Una niña, Maya, ahoga a su mascota —un armadillo— en la alberca de su casa para ver cuánto tiempo podía resistir bajo el agua. A pesar de los desesperados esfuerzos del animal por sobrevivir, la niña, con determinación implacable, le impide salir a flote hasta que finalmente muere. Cuando su madre, horrorizada, le pregunta por qué lo hizo, la niña responde: “Para saber cuántos minutos podía aguantar”. La madre le reprocha: “¿Y entonces por qué no tenías reloj?”, dejando a la niña sin respuesta y evidenciando la crueldad sin propósito de su acto.
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