
En junio de 2021 escribí un artículo en La Silla Vacía que hacía referencia a un escrito académico del economista Tim Harford para analizar la dinámica de los candidatos de la Coalición Centro Esperanza a la Presidencia de la República y concluía que ellos tendrían pocas probabilidades de sobrevivir. Harford se hubiera preguntado por qué no colaboraban los miembros de esa coalición para elegir a uno de ellos a la presidencia (Slate, septiembre de 2007) .
Esta situación se conoce como la “Cacería de ciervos y conejos”, una variación del “dilema del prisionero” en el que dos o más competidores tienen la opción de unirse para cazar un ciervo o dedicarse individualmente a cazar conejos con el conocimiento de que la parte del ciervo que le correspondería le va a reportar mucha más carne que la que provendría de los conejos.
La decisión de colaborar para que uno de los candidatos de la coalición llegara a la presidencia dependía del grado de confianza que tenía cada uno de ellos en los demás. Y posiblemente de su estimación de cuanto daño podría propinarles a los adversarios que no colaboraran. Pensé entonces que lo más interesante de este modelo de comportamiento era que si la confianza se pierde, la alianza se desbarata, y que con seguridad se perdería porque al final no serían aliados los candidatos sino adversarios. Y Hartford aportaba además evidencia de que, si no confiaban en los otros desde un principio, era muy difícil que al final pudieran organizar un compromiso colaborativo. Era previsible que fracasara porque era propensa a desintegrarse si uno o varios de los participantes comienzan a mostrar desconfianza. Y posiblemente muy vulnerable a que terceros mal intencionados introduzcan un saboteador como integrante del grupo, para asegurarse de que se va a sembrar desconfianza.
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