
La española Repsol decidió vender sus activos en Colombia. La compañía energética y petroquímica, fundada en 1987, no tendrá más participación en los campos de producción de hidrocarburos en el Meta y en Arauca. El primero en ofrecer por esa participación fue GeoPark, una empresa latinoamericana de exploración, operación y consolidación de petróleo y gas que opera en Brasil, Argentina y Ecuador. Lo que está en juego no es poco: comprar la participación que tenía Repsol representa alrededor de 16.000 barriles de producción diaria, además de unas reservas de un poco menos de 100 millones de barriles. Inmediatamente se supo la salida de Repsol, el presidente de Ecopetrol, el emproblemado, cuestionado, pero protegido Ricardo Roa, anunció que la petrolera colombiana, por ser socia dentro del contrato de Repsol, haría uso de la opción preferente para “equiparar o igualar la oferta que tiene GeoPark”. Es decir, para quedarse con esa participación.
Buena noticia para Ecopetrol, cuyos índices de reposición están cada día en peor estado, el que regrese al camino principal de la compañía: la exploración de petróleo y de gas. Me pregunto, sin embargo, si en esta complaciente y silenciosa junta directiva de siete miembros ya le explicaron al socio mayoritario, que es el Gobierno colombiano en cabeza del presidente Petro, que adquirir el bloque conocido como CPO-9, en Castilla La Nueva, Meta implica una huella de carbono de más de 30 kilogramos por barril producido, es decir, mucho más contaminante que la huella del Proyecto Oslo, en Estados Unidos, defenestrado y vetado por el propio presidente Gustavo Petro. Allí, según la presentación del proyecto que inicialmente fue aprobado por la junta directiva, la huella de carbono era de 8 kilogramos por barril (por cierto, lo mismo que en el Permian, en Estados Unidos, que salva los pobres números de Ecopetrol). En todos los indicadores, incluyendo los ambientales, el Proyecto Oslo era mucho más importante que cualquier otro negocio para Ecopetrol.
En la junta directiva, una vez se publicó en Caracol Radio la historia del veto presidencial al Proyecto Oslo, crearon una narrativa falsa: que la verdadera razón no era una interferencia del presidente Petro, sino un asunto contable: Ecopetrol se endeudaría más de lo conveniente. Esto es falso, porque un miembro de junta directiva que siempre estuvo en contra del proyecto le escribió a este columnista que el presidente Petro sabía lo que hacía, y que el fracking no ocurriría durante este gobierno. De manera inocente, ese integrante de junta directiva confirmó que, en efecto, el mandatario había decidido vetar ese proyecto, saltándose las decisiones del gobierno corporativo. En definitiva, que no tendría mucho sentido que ahora, en un proyecto mucho más contaminante, el Gobierno no volviera a poner un palo en la rueda.
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