
Es tal la fragmentación y diversidad de grupos armados ilegales que actúan en el país, que los diálogos con mandos centralizados, como los que dieron lugar a la paz con las Farc, son hoy impensables en Colombia.
La realidad terminó cambiando radicalmente el modelo de negociación, como lo demuestra el hecho de que el Gobierno sostiene diálogos con el frente del ELN en el departamento de Nariño –Comuneros del Sur-, al tiempo que tiene una mesa de conversaciones con la vieja dirección nacional de esa guerrilla. El diálogo de Nariño tiene incluso ya un interlocutor oficial específico: el exintegrante del M-19 Carlos Erazo.
Así mismo, el Gobierno mantiene conversaciones con las disidencias de las Farc conocidas como Estado Mayor Central (EMC) que están en lugares del país distintos a Cauca y Arauca, donde actúan los disidentes más resistentes a la paz. No asistieron siquiera al último encuentro entre el Gobierno y el EMC, que tuvo lugar en Caquetá.
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