
La crisis académica de las universidades privadas. El caso de la Universidad del Norte
Hace unos días se hizo pública una carta de las autoridades del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina en la que se rehusaban a limitar la renovación de contratos de su personal académico y administrativo en una cuota arbitraria impuesta por el gobierno de Javier Milei. En su misiva se afirma: “La recepción en forma verbal de una orden de reducir la planta de personal basada en un porcentaje arbitrario de esta es la antítesis de una decisión basada en evaluaciones de desempeño o en criterios de razonabilidad y pertinencia de las tareas que se realizan”. Llama gratamente la atención la dignidad y las miras académicas y científicas de una institución que, aunque en crisis financiera, no está dispuesta a sacrificar su reconocida calidad investigativa. No es casualidad que el Conicet sea una de las instituciones científicas más prestigiosas y la mejor clasificada (rankeada) en América Latina.
Sin embargo, por comparación, también deja en evidencia el poco interés que tienen por estos asuntos las instituciones privadas de nuestro país. Ante las denuncias y publicaciones de colegas de la Universidad del Rosario, he decidido resumir brevemente la experiencia en el proceso de mi desvinculación de la Fundación Universidad del Norte de Barranquilla, lugar en el que trabajé durante un año. Esto sucedió hace cuatro meses y, ahora, luego del desconcierto inicial, puedo ponderarlo con más perspectiva.
Llegué a este lugar en enero de 2023 después de ganar un concurso público y abierto de méritos académicos en el Departamento de Historia y Ciencias Sociales. Luego de un año, había cumplido ampliamente con las metas docentes y de investigación que se habían proyectado para mi puesto. La evaluación docente en una de mis materias fue de 4.9/5, muy por encima del promedio de los colegas de mi división y de la universidad, había publicado un artículo en una revista indexada, había coordinado un coloquio internacional y me había presentado a una financiación de investigación externa. Además, otros dos artículos se encontraban ya aceptados para publicar, estaba liderando la firma de dos convenios con instituciones internacionales y me había comprometido a dirigir tesis de maestría. Nada me hacía pensar a mí o a los miembros de mi departamento que mi contrato no sería renovado.
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