
Es muy triste ver en lo que está convertido el Deportivo Cali. Los malos manejos dirigenciales tienen al equipo más antiguo del fútbol colombiano en una lucha por no descender y sin ninguna maniobrabilidad financiera. Está ahogado por las deudas.
El Cali fue durante décadas un ejemplo a seguir por su organización societaria y económica y es quizá ese modelo, mal administrado, el que lo tiene en este estado terminal. La historia viene de tiempo atrás: a finales de la década de los 70 el narcotráfico comenzó a apoderarse de la sociedad colombiana y, por ende, del fútbol, su fiel reflejo. Gilberto Rodríguez Orejuela, capo del Cartel de Cali e hincha del equipo verde de su ciudad, quiso comprar el equipo de sus amores. Álex Gorayeb, presidente del Cali, sospechando de quien en ese entonces era un dudoso dueño de droguerías de barrio, se negó ante tal solicitud y decidió cambiar los estatutos del club para que quedara blindado de la entrada de los dineros del narcotráfico. Llegaron luego momentos de angustia y confusión en la sociedad colombiana en los que se decía que el América de Cali accedió a los dineros del Cartel de Cali, que Nacional hizo lo propio con Pablo Escobar en Medellín, que Millonarios tuvo a Gonzalo Rodríguez Gacha e, incluso, que Santa Fe tuvo a Phanor Arizabaleta, adjunto al Cartel de Cali que convirtió al equipo bogotano en un pequeño América. Desde entonces fue el Cali el equipo que, haciendo las cosas al derecho, supo competirles a los clubes permeados por los narcos.
Ahora, lo triste de la historia es que el Cali fue víctima de su propio invento: lo que para entonces fue un modelo societario de avanzada que trajo el blindaje societario, asociados de renombre, bienestar financiero, club, sedes deportivas y más recientemente estadio propio, ahora no es más que un modelo anacrónico que se presta para cualquier cantidad de artimañas financieras entre su comité ejecutivo.
En un fútbol con un mercado tan competitivo como el de ahora y con los equipos colombianos administrando pobreza, en comparación a otros países de la región, ser una Sociedad Anónima puede traer sus ventajas. Los clubes bajo este modelo pueden aumentar su capital, comprar, endeudarse, repartir dividendos y, para el bien de sus hinchas, son entidades que tienen más control fiscal. Además, en caso de una crisis la venta es una opción efectiva. El mejor ejemplo pasó recientemente en Inglaterra cuando vetaron a Román Abramóvich, entonces dueño del Chelsea, por su cercanía con el Gobierno de Vladimir Putin al momento de la invasión de Rusia a Ucrania.
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