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Yezid Arteta Dávila
Puntos de vista

Rebelde

El mundo de las guerrillas colombianas ha sido estudiado y reestudiado desde la academia. Se podrían llenar decenas de estanterías con libros de autores colombianos y extranjeros relacionados con el conflicto colombiano. Los protagonistas de la guerra de guerrillas, en cambio, poco han escrito sobre la experiencia de enfrentarse a tiros contra el Estado. A veces se escribe desde lo políticamente correcto. Mostrando un exagerado romanticismo o echando lodo sobre el pasado. La guerrilla humaniza y deshumaniza. Son dos caras de una misma moneda.

Luego de pensarlo una y otra vez, decidí escribir en primera persona sobre mi pasado. Un pasado que involucra a personas con las que me relacioné por diversos motivos. La mayoría están con vida, algunas han muerto y otras están tras las rejas. Más que narrar linealmente una seguidilla de hechos de los que fui intérprete o espectador, trataré de dibujar la geografía humana con la que me topé en el camino. Rebuscando entre cajones, encontré libretas y hojas sueltas con anotaciones que hice con bolígrafo y lápiz desde que recuperé mi libertad en julio de 2006, luego de purgar una larga condena. Quedé sorprendido de la cantidad de hechos desaparecidos de mis neuronas. Gracias a esta memoria de papel y de lo que me queda en la cabeza, emprendí este ejercicio narrativo. No es un ajuste de cuentas contra nadie, sino un encuentro conmigo mismo, con mi destino.

Comencé estas memorias en Segur de Calafell, un pueblo catalán en el que paso la mayor parte de mi tiempo. Algunos capítulos los escribí en el hotel Jaunsen, situado en el fiordo de Granvin, Noruega. Los capítulos finales los redacté entre Bogotá, Tibú y Popayán, luego de que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, me nombrara, junto con otras personas, como delegado del Gobierno para dialogar y buscar un acuerdo de paz con un grupo de alzados en armas.

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