
Se secan gradualmente los embalses. Disminuyen sus caudales los ríos y el fantasma del racionamiento se cierne sobre el país. La propia capital de la república empieza a racionar el suministro de agua. Esta situación es permanente y cotidiana en algunos departamentos del Caribe y no tiene nada de extraordinario: cada casa, además de habitaciones, salas y cocina debe contar con su respectiva alberca para el almacenamiento del líquido porque el suministro se realiza durante uno o dos días y lo almacenado debe alcanzarnos para el resto de la semana. El mundo se calienta y el agua escasea.
Aunque un viejo refrán decía “abril aguas mil”, las precipitaciones no han sido suficientes hasta ahora y el pronóstico es incierto.
El curso seco de arroyos y ríos nos debe llevar a preguntarnos ¿Qué son los ríos?¿Qué relación tienen las corrientes hídricas con el territorio? Los ríos son al mismo tiempo fuentes de abundancia y destrucción, de vida y de muerte. Cuando se intensifica la temporada invernal surgen los deslizamientos y la crecida de las aguas. El invierno nos muestra entonces la otra cara de los ríos: la del desastre. Los ríos tienen un amplio rango de sentidos en una sociedad y pueden estar ligados a su identidad. Hay que correlacionar su construcción cultural y política con su transformación material. Los ríos frontera como el río Bravo reflejan en su curso una álgida interrelación histórica entre naciones disímiles. Otros como el río Congo o el Magdalena fueron caminos acuosos que permitieron la exploración y colonización de un país o de un continente.
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