
En Colombia y en diversos lugares del mundo hay preocupación por el futuro de las Humanidades y de las Ciencias sociales. La filósofa norteamericana Martha Nussbaum cree que atravesamos una crisis silenciosa y destructiva como un cáncer, más grave aún que las dificultades por las que atraviesan las economías del mundo noratlántico. En su obra Sin fines de lucro consideró que la erradicación de las artes y las humanidades de la educación superior es perjudicial para el mantenimiento de la democracia.
El debate es pertinente porque algunas áreas del conocimiento como las humanidades y las artes tienden a ser cada vez más subvaloradas en beneficio de lo técnico y de lo que se conoce como el conocimiento utilitario aquel que es usable, sirve para fines considerados “prácticos” o puede generar riqueza material. La lógica del mercado impulsa a las universidades de hoy a convertirse en universidades empresas y los estudiantes, más que buscadores de conocimientos, son vistos como meros clientes decisivos para su sostenimiento-
En nuestro medio, pero también en otras latitudes, prevalece la idea utilitarista de que la política es una empresa económica en la que el enriquecimiento tanto del individuo como de la camarilla que le sigue y su mantenimiento perpetuo en el poder constituyen el fin máximo de dicha actividad. Toda persona que comparta esta concepción es considerada elogiosamente como “pragmática” y quien la cuestione es llamada “romántica”. Mucha gente que sucumbe ante el poder contribuye con argumentos y con actitudes a la naturalización de la corrupción, al afianzamiento de las conductas incívicas y amorales y a la aceptación y la connivencia con la mentira. ¿Qué ha pasado con las nociones de altruismo y de bien común?
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