Ir al contenido principal
Juan Fernando Cristo
Puntos de vista

Europa a la derecha, pero no tanto

Las elecciones generales del Parlamento europeo tuvieron un ganador indiscutible: la derecha. Sin embargo, no es una sola sino varias derechas las que tuvieron resultados positivos el domingo pasado. El espectro va desde la tradicional centro derecha europeísta como el PP español y la CDU alemana, hasta la ultraderecha de Orban en Hungría o Le Pen en Francia, quienes son duros críticos del poder excesivo de Bruselas en los asuntos internos de cada uno de los países integrantes de la Unión Europea. Los resultados no se pueden analizar en blanco y negro y son muchos los matices.

Los grandes debates en estas elecciones se dieron alrededor de tres grandes temas:la inmigración; la guerra en Ucrania y el genocidio de Netanyahu en Gaza y la política ambiental. El fortalecimiento de la derecha es claro, sin que ello signifique el triunfo de la ultraderecha nacionalista, antieuropea, antimigrantes y negacionista del cambio climático, como algunos salieron apresuradamente a afirmar. La supervivencia de la Unión Europea está asegurada, no solo porque sus defensores conservan unas mayorías cómodas, sumados los escaños de los Populares, Social Demócratas, Liberales y Verdes, que con seguridad se mantendrán unidos en su apoyo a las instituciones de Bruselas, sino porque además los partidos de extrema derecha no son homogéneos en sus posiciones y al interior del bloque coexisten distintos matices. Todos coinciden en su política contra los migrantes en sus fronteras o sus críticas a los que consideran excesos en las medidas de protección del medio ambiente, pero en el caso de las instituciones europeas hay diferencias evidentes, como es el caso de la señora Meloni en Italia.

Si bien es cierto la ultraderecha creció en Bélgica, Holanda, Alemania, España, Austria y, especialmente Francia en donde ganó la señora Le Pen con un poco más del 30 por ciento de la votación, la representación de esos grupos en el Parlamento europeo aún no llega al 25 por ciento. Las elecciones del domingo constituyen, entonces, un fuerte campanazo de alerta para los moderados de Europa, que deberán reinventarse si quieren evitar que crezca el peligroso proceso de radicalización en sus sociedades, pero no implican, al menos por ahora, que las mayorías deseen regresar a las épocas del fascismo y el nazismo. La ultraderecha sigue siendo una minoría que no se puede ignorar y no se puede desconocer que algo anda mal cuando el 15 por ciento de los alemanes votan por un partido cuyo líder hasta hace pocas semanas señaló que no todos los miembros de la SS de la Alemania nazi eran asesinos y fue acusado además de recibir sobornos del gobierno ruso.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales