
Una mañana salí precipitadamente de mi habitación al sentir chillidos en mi jardín que presagiaban una disputa multitudinaria. Treinta aves de las llamadas mariamulatas estaban apostadas en las paredes de mi casa como soldados a la espera de una orden de asalto. Los graznidos amenazantes de las aves generaron una verdadera alarma en el vecindario. Aterrada en medio de la vegetación y con cara de culpable mi gata huyó entre las plantas. Su actitud sospechosa me llevó a descubrir la causa del alboroto, Wolunkaa, así se llama mi gata, había raptado un pichón de esos pájaros astutos, quisquillosos y territoriales. Algo maltrecho, pero aún con vida, pude devolverlo a sus padres evitando de esa forma un conflicto de inimaginables consecuencias entre varias especies vivientes: aves, humanos y felinos.
Los gatos son seres que involucran varias paradojas. En ellos conviven la ternura y la crueldad, el egoísmo y la lealtad, la pereza y el deber. A los gatos se les ha asociado al mismo tiempo con la perfidia y con la libertad. Gozan con voluptuosidad de las comodidades humanas, pero albergan una naturaleza primaria de cazadores letales. Su figura ha sido plasmada en esculturas, blasones, pinturas, bastones y máscaras. Han sido representados de diversas formas desde los antiguos egipcios hasta hoy. Seres sagrados para ellos, fueron considerados dignos de ser momificados. En la llamada Edad Media se pensaba que las brujas se transformaban en gatos y, por ello, fueron sacrificados miles de estos felinos en hogueras en la víspera de las festividades de San Juan. Los utilitaristas los desprecian por considerarles animales improductivos, más dañinos que benéficos.
Jules Champlleury en su obra Los gatos: una historia cultural, menciona una antigua narración en la que el sol y la luna se proponen llenar de animales el mundo. El sol creó al león dorado y majestuoso. La luna entonces dio vida al gato, más pequeño y débil que el primero. Esto enojó al sol quien fuera de sí dio forma al ratón. La luna indignada dio origen a una enemistad eterna entre el gato y el ratón, y de allí nace la principal utilidad que tienen hoy los gatos. En contraste con esta utilidad, el costo material y ambiental de poseer un gato es enorme. Sin contar los cristales rotos y las valiosas cerámicas que destruyen con sus insospechadas piruetas, su listado de víctimas incluye mariposas, iguanas, pájaros, lagartijas y ardillas. Mi gata, una seductora y manipuladora perfecta, ocasionalmente captura algún ratón extraviado, pero teme sin pudor a sapos y a cangrejos marinos
Los pueblos indígenas de América han dado un lugar en su cosmología a los gatos del Viejo Mundo. Al emparentarlos con los jaguares nativos, estos pequeños felinos pueden pertenecer a clanes organizados con base en atributos sociales. Mientras el jaguar representa la fuerza y la valentía, los gatos son asociados con el sigilo. De allí que entre los wayuu el clan Uliana sea llamado “el clan de los pasos sigilosos”. A esta categoría de seres vivientes pertenecemos algunos humanos y los gatos.
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