
El país apenas comienza a entender el significado de Chiribiquete para nuestro presente y futuro, ambiental y de paz. Allí hay una intrínseca relación de factores, que pueden desatar tensiones y conflictos históricos, ya sea hacía un proceso de estabilización, o para generar una dispersión sin precedentes. Es necesario resolver de manera urgente las necesidades de reconocimiento territoriales de poblaciones campesinas asentadas en el arco de deforestación amazónico, desde la Macarena, hasta el Bajo Caguán, como las del eje del río Itilla hasta sus bocas en el Unilla. Esta zona tiene una larguísima historia de reivindicaciones para la creación de Zonas de Reserva Campesina, que pueden ser un primer paso concreto de decisiones políticas para aterrizar el proceso de diálogo sobre el tema ambiental y agrario, con la organización armada que aún está en la Mesa con el Gobierno. De la misma manera, la creación de estas zonas y otras formas de derechos, en la frontera de colonización a gran escala, puede ser perfectamente un instrumento de estabilización de la colonización, y protección de los bosques de la Reserva Forestal de la Amazonia, con los instrumentos legales creados recientemente, para utilizar los mecanismos de manejo forestal sostenible como modelo económico regional. Es decir, instrumentos legales y económicos existen, así como un instrumento financiero, - El Fondo para la Vida- para plantear un plan de transformaciones regionales de gran escala.
Por el otro lado, hay retos inminentes que se deben plantear para poder transitar a un escenario de transformaciones de largo plazo. Como lo hemos visto durante todo el año 2024, el crecimiento de cultivos de coca se ha venido concentrando en toda esta frontera occidental del parque, arrancando en la zona del Alto Cachicamo, y bajando hacia la Tunia, el Alto Camuya, el sur de las sabanas, y el interfluvio Yari Caguán, cada uno de ellos con peligrosas rutas hacia el sur de la Amazonia, donde el gran mercado europeo sigue consolidando esa demanda que fluye por los ríos Caquetá y Putumayo. No es un tema menor, pues una relación con una economía del narcotráfico, en medio de la guerra, no tiene punto de mediación en la negociación política. Se requiere una decisión de gran calado, como podría ser un proceso de sustitución voluntaria en medio de la titulación y reconocimiento de derechos territoriales, tal y como se dio en 2008 en la Reserva Campesina del Ariari-Güejar-Cafre. De hecho, varios de los actores principales de esa gesta están aún en el territorio, con incidencia en el futuro de la región.

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