
Hay una discusión en los países desarrollados de la que no tendríamos que preocuparnos si no fuera porque algunos exfuncionarios y el mismo presidente se preguntan si Colombia debería crecer o decrecer, y sobre la relación entre crecimiento, capital y medio ambiente. Yo mismo intervine en esa discusión con un trino que afirmaba que la izquierda utiliza el medio ambiente y el calentamiento global para oponerse al gran capital y al crecimiento económico.
La preocupación que me ha llevado a ese pronunciamiento ha sido pensar que, si la economía no crece o si decrece, en un país relativamente pobre y desigual, como es Colombia, surgirán presiones políticas para reducir la desigualdad que posiblemente provocarían violencia entre los que tienen y los que no tienen porque se intentaría quitarles a los primeros para darles a los segundos.
Esto podría suavizarse con crecimiento económico acelerado, como ha ocurrido en el mundo desarrollado desde la mitad del siglo XIX. Pero entonces surgen preguntas de si el crecimiento contribuye al calentamiento global, al aumento de la huella de carbono, o si es posible crecer en armonía con el medio ambiente y conforme a las reglas establecidas para detener el calentamiento global en un sistema capitalista. Estas son las preguntas que se hacen el presidente y sus allegados.
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