
Soy de las que procura y cree en la importancia de la sanidad emocional. Es más llevadera la vida si vamos livianos, libres de dolores, angustias y rabias. Creo que la aproximación a temas tan complejos como la diversidad, equidad e inclusión por asuntos de género, raza o nacionalidad es más efectiva si no se hace desde la rabia. Pero sé también que ese es un estado que se construye con esfuerzo y durante mucho tiempo, que muchas veces requiere terapia y, si es el caso, el cambio de las circunstancias que provocan el dolor, la rabia y el resentimiento. Se supone que el proceso que se requiere ante las heridas emocionales es bastante claro para quienes hablamos abiertamente de salud mental, por lo que no deja de sorprenderme que, incluso, algunos personajes que reconocen el camino de enfrentarse a la depresión, la abulia, la ansiedad o a diversas formas de trauma engrosen la lista de quienes, siguiendo los tiempos de gritos y peleas en las redes sociales, señalan enardecidos a masas y colectivos que consideran equivocados por tener posturas políticas distintas a las propias, usando como insulto la expresión "resentidos".
En una de las sociedades más desiguales del planeta, donde campean el clasismo, la homofobia, la xenofobia, el racismo, donde muchos son condenados desde su nacimiento a ocupar ciertos lugares en la sociedad, a ser desplazados, a no acceder a la educación, a la salud y casi a ningún derecho fundamental, es apenas normal que tengamos una gran fracción de gente llena de rabia, dolor y resentimiento. Y que esto se repita generación tras generación debido a una desatención del asunto. De hecho, buena parte de la dificultad para superar asuntos tan complejos como el conflicto armado, está relacionada con que solo se tratan o atienden las dimensiones materiales del problema, y poco o nada las dimensiones emocionales.
Lo deseable es que la rabia y el resentimiento sean etapas transitorias que no desencadenen agresiones, lo que no impide reconocer que esa misma rabia y ese resentimiento son motores necesarios para modificar muchas circunstancias de maltrato o de exclusión que causan el dolor.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










