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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

Pacto entre caballeros

Cuenta Joaquín Sabina en una de sus canciones la historia de un intento de atraco, por parte de tres jóvenes, del que fue víctima. Según el Maestro, una vez los párvulos atracadores lo reconocieron, el rumbo de la actividad cambió: le devolvieron todas sus pertenencias y lo invitaron a un bar en donde “no dejaron que pagara ni una ronda”. A cambio de toda esa noche de locura, Sabina debía componerles una canción. Lo hizo, claro, y la canción se llama Pacto entre caballeros. Es, por obvias razones, una de sus canciones más rockeras. 

La historia tiene cierta gracia y es ‘sabinesca’ la forma en la que todo se desarrolla. De estar caminando en la calle pasa a ser atracado por tres jóvenes, luego a ser reconocido y adulado, termina de fiesta con quienes en un principio lo iban a robar y haciendo un pacto de componer una canción de dicha historia. Ahora, lo que no podemos dejar de ver es que igualmente es un pacto que hace Sabina con tres delincuentes. 

Lo triste es que no traigo el ejemplo del Pacto entre caballeros de Sabina por una buena razón. Esta semana vimos cómo la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) multó a varias entidades del fútbol nacional por hacer un pacto similar. Por buscar llamar un pacto entre caballeros a lo que podría terminar siendo un pacto entre delincuentes: un cartel laboral. 

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