
El viernes 14 de octubre, la primera página del diario económico La República amaneció con este titular: ‘Las utilidades de Ecopetrol cayeron 29,8 por ciento durante el tercer trimestre de este año’. El titular de Portafolio decía algo parecido: ‘Los ingresos de la petrolera cayeron 13,8 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado’. El análisis diario de Corfi, por esas mismas fechas, señalaba: “Ecopetrol reportó utilidades por 2,5 billones de pesos en el tercer trimestre de 2025, una caída de 29,8 por ciento frente al mismo periodo de 2024 (3,6 billones) y el segundo peor trimestre desde finales de 2020 (solo por encima del 2T25, con 1,8 billones). En el acumulado entre enero y septiembre, las ganancias sumaron 7,5 billones de pesos, 32 por ciento menos que los 11,03 billones registrados en los primeros nueve meses del año anterior”. A la hora de escribir esta columna, el precio de la acción de Ecopetrol en la bolsa de Nueva York es de 9,85 dólares, más bajo que en la misma época de 2020 (10 dólares) en plena pandemia y con un precio del crudo Brent de 46 dólares, 16 menos que los 62 actuales. No son resultados para celebrar, ni para tirar la casa por la ventana.
No son las únicas cifras problemáticas. El profesor Sergio Cabrales ha mostrado que el costo de levantamiento (lifting cost), “que corresponde al costo de extraer un barril desde el subsuelo hasta la superficie”, ha pasado de 7,5 dólares por barril en 2020, a 12,2 dólares en el tercer trimestre de 2025, un incremento del 60 por ciento. Este dato es clave porque quiere decir que cada año que pasa Ecopetrol es una compañía menos eficiente en sus operaciones de extracción de hidrocarburos, y es en buena medida lo que está arrastrando las ganancias de la petrolera. Ya sabemos también –y sí que lo sabremos con los incrementos en las facturas de gas del próximo año– que, como dijo Frank Pearl en la Cumbre de Petróleo, Gas y Energía 2025, “Colombia tendrá que importar 25 por ciento de la demanda de gas natural el próximo año”. Es cierto que este problema se acumula desde hace varios años, pero también lo es que nunca antes Ecopetrol había tenido que enfrentar una guerra interna de semejante magnitud. Lo que quiero decir es que Gustavo Petro, representante del mayor accionista de la compañía, el Estado colombiano, ha hecho todos los esfuerzos posibles para acabar con Ecopetrol.
Por todo esto, y otras cosas que no menciono, es que sorprende que Ecopetrol y sus filiales hayan organizado una fiesta el pasado viernes 21 en el Chamorro City Hall del Club El Carmel desde las 3:30 de la tarde, con Pipe Bueno, Rafael Santos y Los Tupamaros. La invitación decía: “Hoy celebramos juntos, porque la energía que nos mueve es la misma que nos une”. ¿Qué celebra la administración más cuestionada en la historia de Ecopetrol? ¿Las múltiples investigaciones en la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría? ¿La falta absoluta de un gobierno corporativo serio e independiente? ¿La caída de las utilidades un 30 por ciento con respecto al mismo periodo de 2024? ¿O acaso el precio de la acción en la Bolsa de Valores de Colombia muy por debajo de los 2.000 pesos? ¿O será su precio en Wall Street por debajo del valor que tuvo durante la pandemia? ¿Tal vez la caída brutal en el prestigio de Ecopetrol entre otras compañías petroleras en el mundo?
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