
En Colombia predominan la ansiedad, la desilusión, la rabia y la desesperanza. Hace falta inducir lo contrario: volver a querer a nuestro país y a confiar en el futuro. Eso no va a suceder en esta administración, pero tiene que ser lo que trate de moldear el nuevo gobierno evitando regresar a lo que teníamos antes de agosto de 2022 o que continúen las tensiones que han dividido a la sociedad e impedido que el Gobierno avance.
Colombia tiene que tomar otro rumbo y emprender una transformación que haga posible que el país progrese en armonía. Parte del problema es que la derecha anhela regresar a un país que probablemente nunca existió, pero que recuerdan como una sociedad en la que ellos vivían muy bien, pero olvidan que los demás tenían que padecer callados la desigualdad y la violencia.
El Pacto Histórico quiere preservar el proyecto de gobierno que han intentado imponer sus líderes sin conseguirlo. Iván Cepeda, proclama que su gobierno sería de continuidad, pero como no ha habido progreso se trataría más bien de ejecutar lo que se prometió y no se llevó a cabo, con otro libreto que aún se desconoce, y con una enorme probabilidad de fracasar. No puede olvidarse que Colombia ha sido tradicionalmente anticomunista y que, si a pesar de ello abrió una ventanita para que se colara Petro, no es previsible que desee dejarla abierta.
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