
Me sorprende la fortaleza con la que estas dos mujeres están enfrentado sus líos familiares y el asedio de la prensa y la oposición. También me asombra la poca o ninguna solidaridad que se siente, tanto en esferas del Gobierno como en la opinión pública, con ellas.
En los últimos días, la presión sobre estas mujeres llegó a su punto más alto. Verónica fue incluida en la llamada Lista Clinton y en algún medio de comunicación de Suecia se ventiló su vida social en Estocolmo y la prensa colombiana recogió con verdadera fruición los rumores y los convirtió en noticia. Adelina, por su parte, recibió el abierto maltrato de la magistrada Cristina Lombana en medio del allanamiento a su casa en Barranquilla.
Aguantan los denuestos y las burlas y las presiones que vienen de los críticos del Gobierno; aguantan, sin salir a alimentar con su voz los escándalos que tejen día a día los medios sobre sus familias; pero sabemos, por lo poco que han dicho y por la distancia que toman de sus parejas, que de puertas para adentro no agachan la cabeza, no pasan por alto los abusos, se han rebelado y han luchado para poner freno a los desafueros de sus parejas.
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