
En muchas empresas latinoamericanas se ha perfeccionado un arte peligroso: reunirse para no decidir, o reunirse para que decida el grupo y nadie pueda ponerle firma a la decisión.
Se disfraza de participación, de alinearse, de socializar, incluso de una supuesta participación “inclusiva” que en realidad solo diluye la responsabilidad. Pero en el fondo opera otro motor: el miedo.
Miedo a quedar expuestos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios










