
Desde el año 2020 el salario mínimo (SMLV) ha aumentado 62 por ciento mientras que la inflación (IPC) solo ha subido 44 por ciento, contradiciendo todos los análisis simplistas que afirmaban que al aumentar el salario mínimo no se beneficiaba a los trabajadores porque el aumento de los precios se comía los mayores ingresos nominales. De hecho, en términos reales, hoy un trabajador recibe un 17 por ciento más de ingresos que hace cinco años.
Son varias las razones económicas que explican la menor transmisión de los aumentos salariales sobre la inflación, pero quiero resaltar una que es el haber desligado el SMLV de otros precios y costos de la economía. En efecto, en la ley 1955 de 2019 se estableció que todos los cobros, sanciones, multas, tasas, tarifas y estampillas, que se venían incrementando con base en el SMLV, deberían ser calculados con base de la Unidad de Valor Tributario (UVT), cuya variación es similar al IPC.
Sin embargo, hay un precio que sí afecta mucho el ingreso real de los trabajadores y que sigue ligado innecesariamente al SMLV; es el valor de las viviendas para los estratos bajos que reciben subsidio del Estado: la de Interés Prioritario (VIP, con valor hasta 70 SMLV) y la de Interés Social (VIS, con valor hasta 135 SMLV). Es decir que el precio de la VIS y de la VIP ha aumentado mucho más que la inflación.
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