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Federico Díaz Granados

Veinte años sin R. H. Moreno durán

Hay días en los que uno escarba la biblioteca sin buscar nada específico y otros en los que nos dejamos sorprender por algún libro que hace muchos años teníamos perdido. A mi me gusta regresar, con cierta frecuencia, a aquellos títulos que me han acompañado a lo largo de la vida y que siempre guardan algo para sorprendernos. Por ejemplo, hace poco recordé que hace veinte años murió Rafael Humberto Moreno Durán y quise encontrar algunos de sus títulos en mi biblioteca. Me emocioné leyendo algunas de las dedicatorias y recordé muchos encuentros con él en eventos literarios, en las primeras ferias del libro de Bogotá y en reuniones donde siempre los contertulios disfrutamos de su buen humor, de su ironía inteligente y de sus opiniones, algunas deslumbrantes y otras incómodas, sobre distintos sucesos del país, la cultura y el mundo. También recordé algunas reuniones y un par de entrevistas en su apartamento de la urbanización Usatama en Bogotá y donde estaba su estudio cuya biblioteca conservaba más de seis mil títulos, entre ellos varias ediciones de algunos de sus libros favoritos como Don Quijote de la Mancha, obras de Marcel Proust y algunos autores clásicos latinoamericanos. Tenían sus estantes muchos souvenirs literarios y un orden riguroso de papeles y cuadernos en los que le gustaba escribir.

Nombrarlo hoy no es un efecto de la nostalgia sino un acto de memoria necesaria en un país que suele olvidar muy pronto a sus creadores, a aquellos que le han dado identidad y cohesión a una sociedad fracturada. Me duele que los péndulos de las coyunturas mediáticas pongan una sombra sobre aspectos de la memoria literaria del país. Pasaron veinte años y muy pocos recordamos este aniversario algo injusto no solo con un autor fundamental para comprender nuestra tradición y un momento tan determinante de la literatura continental como lo fue el post boom, sino de un divulgador que con generosidad abrió puentes de ida y vuelta con la industria editorial de las últimas décadas del siglo pasado con autores y autoras que hoy son parte del canon de las literatura escrita en español. 

Su obra se convirtió, a lo largo de los años, en una inmensa geografía donde conviven el erotismo, la política, la cultura, la muerte, la parodia y la inteligencia como una suerte de cartografía del desconcierto contemporáneo. Su cumbre llegó con Fémina Suite, trilogía que incluye las novelas Juego de damas, El toque de Diana y Finale capriccioso con Madonna y que tuvo varias ediciones completas tanto en Colombia como en España. Otras de sus novelas que tuvieron amplia acogida por la crítica la academia y los lectores son Los felinos del canciller, El caballero de La Invicta y Mambrú, al igual que sus volúmenes de cuento Metropolitanas, Cartas en el asunto, El humor de la melancolía y La suerte contraria y otros cuentos, entre otros títulos.

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