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Marisol Gomez
Puntos de vista

Los claroscuros de la joven canciller

Laura Sarabia asumió como canciller de Colombia, su cuarto y nuevo cargo en este Gobierno, precedida de un alud de cuestionamientos por su juventud y falta de experiencia para manejar las relaciones exteriores, en particular en una coyuntura tan crítica para el país como la que ha representado el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la decisión del chavista Nicolás Maduro de aferrarse al poder en Venezuela a cualquier costo.

De hecho, no sería poca cosa para el más experimentado diplomático lidiar con el vecino Venezuela, cuyo gobierno, sin duda alguna, está detrás de la crisis humanitaria registrada en el Catatumbo. También, para el más avezado operador de políticas internacionales sería todo un desafío capotear las relaciones con Estados Unidos hoy, cuando ese país está gobernado por un magnate desalmado y soberbio que ha mostrado estar dispuesto a doblegar a aliados tradicionales y a todos aquellos que perciba como adversarios, haciendo uso de los enormes recursos económicos y políticos a su alcance.

Esto último quedó clarísimo el domingo 26 de enero, tras la crisis diplomática que se originó en la decisión del presidente Gustavo Petro de impedir el aterrizaje en el país de dos aeronaves militares de Estados Unidos con deportados colombianos que venían esposados, y que escaló tras la inmediata decisión de Trump de imponer aranceles del 25 por ciento a los productos colombianos. Aunque aparentemente la crisis se superó, las tensiones entre los dos gobiernos continúan.

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