
Lo que sucedió el domingo anteror, la crisis en el Catatumbo y las que se están previendo en otros territorios, en nada contribuye a la confianza del ciudadano y del inversionista en el Gobierno, en la fuerza pública, y mucho menos en las mesas de negociación con criminales y los ceses de fuego. Todo eso está minando severamente el bienestar popular, el empleo y la inversión.
La idea de un numeroso comando del ELN viajando de civil sin salir de Colombia, de Arauca al Catatumbo y sin armas, para aparecer súbitamente, listos y equipados para perpetrar crímenes atroces, matar a sus adversarios con lista en mano y aterrorizar a la población en el Norte de Santander, sin haber sido detectados por alguien, era una explicación oficial difícil de creer. Claro que cuando se centralizó la inteligencia en manos de personas del M-19, hubo gente que dijo que no era sino cuestión de tiempo para que sucediera algo como lo que está pasando, con decenas miles de personas damnificadas y la opinión pública preguntándose si la inteligencia de verdad falló o si se quedó callada.
También desafía la imaginación que nuestro ministro de Defensa le haya creído al general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de Maduro, que el ejército de Venezuela va a impedir que el ELN ingrese campantemente a ese país, cuando el gobierno colombiano decida finalmente combatir a esa guerrilla en el Catatumbo y en Arauca.
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