
A raíz de la grave crisis de seguridad en el Catatumbo y la exacerbación de la violencia en Cauca, Arauca, Chocó, Magdalena y zonas de Bolívar, en la oposición y en los medios de comunicación han crecido las voces que hablan de paralización de las Fuerzas Armadas, de la disminución alarmante de sus efectivos, de la financiación y de los medios de combate, de las graves consecuencias de la depuración de la cúpula militar emprendida por el ministro Velásquez, de las restricciones a la acción militar producto de política de paz total. No es nada nuevo. En algún momento, María Fernanda Cabal se atrevió a hablar de una cúpula militar inservible, de una actitud cobarde de las Fuerzas Militares, producto de los acuerdos de paz.
En medio de reclamos justos por las falencias de la Fuerza Pública en la protección de la población y en el combate a las fuerzas ilegales, se esconde una estrategia orientada a crear un sisma entre militares y gobierno. Esta estrategia ha generado desafortunadas declaraciones y acciones en altos mandos policiales y militares, la mayoría de ellos en uso de buen retiro. La discordia no ha crecido como esperaba la oposición: más difícil la tuvieron Samper con el ruido de sables y Pastrana y Santos con los sabotajes a sus iniciativas de paz.
En todo caso, no se puede perder de vista esta insidiosa política. Jugar a la confrontación entre el poder civil y el poder militar es un avieso plan que le puede causar grandes males a la democracia colombiana que está tratando de escalar hacia la alternación política y hacia la conquista de la reconciliación nacional. Por lo pronto, la estrategia perversa de la oposición ha impedido avanzar en algunos cambios estructurales que requiere la Fuerza Pública, reformas que había iniciado el general Alberto José Mejía al final del gobierno de Juan Manuel Santos y que apuntaban a transformar las Fuerzas Armadas de cara al posconflicto. Reformas que quiso adelantar Petro.
Miremos las realidades actuales de las Fuerzas Armadas, sus verdaderas limitaciones y la urgencia de algunos cambios estructurales. Tratemos de ver si de verdad han mejorado algunas cosas en los tiempos de Petro.
No es cierto que estas Fuerzas Armadas sean insuficientes para enfrentar las fuerzas ilegales que campean en el país. Las Fuerzas Militares cuentan con cerca de 220.000 efectivos y, si sumamos los 23.000 civiles que les prestan servicios, tenemos 243.000 activos. A cifras de diciembre de 2024, la Policía está compuesta por 178.300 efectivos. Es decir, un poco más de 420.000 en filas. La segunda Fuerza Pública de América Latina, detrás de Brasil. (Ver cuadro al final)
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