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María Jimena Duzán
Puntos de vista

Anatomía de una caída y el factor Benedetti

El presidente, que suele ver a enemigos agazapados por todas partes, en realidad es un jefe de gobierno muy afortunado: a pesar de que ha dado papaya, ha gozado de una oposición light y mediocre, que no le ha hecho mella. Y aunque Petro insiste en magnificarla y en decir que su gobierno está sometido a un bloqueo institucional, la verdad es que sus opositores han sido tan débiles que ni siquiera han podido capitalizar sus escándalos de corrupción.

Desde hace dos años y medio, la derecha uribista anda totalmente descolocada. A sus integrantes se les ve pasear por los pasillos del congreso como alma en pena, con añoranza por los tiempos en que gozaban y abusaban de las mieles del poder. Al expresidente Uribe, su jefe máximo, se le acabó el teflón. Hoy está enfrentando un juicio en su contra que ha revelado sus estrechos lazos con el bajo mundo de la mafia paramilitar de los noventa.

A la oposición tampoco le fue bien con sus vaticinios producto de la Petrofobia. Petro no acabó con la propiedad privada, no convirtió a Colombia en Venezuela y no se va a quedar en el poder, como muchos de ellos todavía aseguran.

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