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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

De las cábalas y el “sí se puede”

Quienes crecimos en un entorno religioso y conservador entendemos que las creencias, sacramentos e, incluso, algunos hábitos religiosos, parten de la necesidad entendimiento o de control del presente. Ahora, quienes crecimos en un ambiente consagrado -si vale el verbo al deporte también lo hicimos en medio de nuestros propios rituales y creencias: las cábalas. Por algo dice Juan Esteban Constaín que el fútbol es la última religión pagana.

Una cábala es una acción, un cálculo supersticioso que se hace para que una determinada acción suceda o no. En Colombia, aunque no en el ámbito del deporte, a esta clase de acciones que buscan la suerte se les llama agüeros. He visto cábalas de todo tipo: usar los mismos bóxers el día del partido (y no lavarlos), agarrarse el testículo izquierdo cuando el equipo rival ataca, usar falda escocesa, comerse la empanada de papa y carne del mismo sitio antes de entrar al estadio o, incluso, unos más avezados pelean con su pareja por el bien de su equipo.

Las cábalas son sencillas: duran hasta que se pierden. En mi caso he tenido, con el Deportivo Cali, equipo del que soy hincha, ropa que no se lava. También he dejado de ir a ciertos lugares porque siempre que veo un partido en ese sitio perdemos e, incluso, he ido a misa porque el día de la más reciente victoria hubo un entierro.

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