
La Transición Energética (TE) no se trata solo de cambiar las fuentes de la producción de energía; se trata de rediseñar toda la economía global, para modificar los parones de la demanda de energía, encontrar las fuentes de financiamiento para hacerlo, y resolver los problemas tecnológicos que hacen ambivalente su impacto sobre los ecosistemas. Las políticas de Trump harán mucho más difícil el proceso.
La TE es una necesidad urgente e inaplazable, pero en ella no hay almuerzo gratis. Reemplazar la producción de energía a partir de carbón, petróleo y gas por fuentes de energía no convencionales y renovables (FNCER), como el sol, el viento y la biomasa, es imperativo para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y evitar la crisis del calentamiento global, pero el camino para lograrlo está atravesado de varias paradojas y contradicciones difíciles de resolver. Veamos tres de ellas.
Adición energética y no transición
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