
El título de esta nota fue tomado del libro en ingles que examina lo que sucedió en buena parte de África a finales del siglo pasado, cuando “comenzaron las cosas a desbaratarse”: el proceso que condujo a que muchas de las naciones de ese continente llegaran al siglo XXI como estados fallidos o en camino de fallar. Robert H. Bates, su autor, le atribuye esta situación al impacto de tres fuerzas. La primera de ellas causada por la caída de los ingresos fiscales. Bates dice que cuando principia a hacer falta con qué financiar pagos, los que están a cargo del Gobierno utilizan su poder para pagarse arbitrariamente a sí mismos (y a sus colaboradores o seguidores). Esta desviación de recursos y el nuevo comportamiento rapaz del Gobierno puede crearle inseguridad o ansiedad a la ciudadanía, que busca la manera de defenderse de sus consecuencias.
La segunda fuerza fueron las reformas políticas que presionaron a la oposición a organizarse para reemplazar a los políticos tradicionales. Estos, sintiéndose amenazados, le dieron mayor importancia al futuro cercano que al lejano, lo que les permitió ponerle menor atención al desorden que podrían causar sus actividades depredadoras. Bates describe esta situación como un aumento en la tasa con la que descuentan el futuro, y yo le añadiría una reducción en su aversión al desorden y al caos.
La tercera fuerza se deriva de una abundancia de recursos naturales o comerciales que les permitiría, a quienes se apoderen de las fuentes de esos recursos, compensar lo que se pierde por una posible falla de Estado. Si el Gobierno no tiene competencia en el uso de la fuerza, esto último podría hacer que los funcionarios o los políticos tradicionales “sucumbieran a la tentación de pasar de ser guardianes a ser depredadores”, nos dice Bates. Y si ya no hubiera Estado porque el Gobierno habría permitido que en partes del territorio ejerzan control de grupos armados irregulares, entonces la competencia por el control de los recursos y sus fuentes contribuiría a mayor violencia y aceleraría el desmoronamiento de las cosas. Esta descripción del desorden en naciones africanas es un punto de vista no generalmente compartido por otros investigadores. La diferencia de la visión de Bates es que él le atribuye el aumento del desorden y de la violencia a políticas públicas y al comportamiento de las elites, de la burocracia y de los políticos, en primer lugar, y a que se han consolidado en el poder gobiernos autocráticos populistas que promueven el desorden con su forma de gobernar y, en consecuencia, la violencia (Robert H. Bates, When Things Fell Apart: state failure in late century Africa. Cambridge University Press, New York, USA, 2008).
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