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León Valencia
Puntos de vista

Las malas palabras

En 2004, en el Congreso de la Lengua Española, realizado en la ciudad de Rosario, Argentina, el genial Roberto Fontanarrosa, pronunció un discurso en “defensa de las malas palabras”. De esas palabras, su favorita era “pelotudo” por la contundencia del insulto y el retrato a mano alzada del contradictor. Esa palabra, quizás, dice muy poco en Colombia, como dice poco para nosotros “gilipollas” que en ocasiones es una verdadera bofetada entre los españoles; también, según he oído, “pendejo” tiene su gran ají en México, pero acá tiene una fuerza menor, aunque algo ofende en el calor de una disputa.

Vi que Fincho Cepeda, el senador conservador, político que ahora funge de héroe entre las huestes clientelistas, hace unas semanas estaba ofendidísimo con el presidente Petro porque le dijo, en uno de sus discursos,HP, una expresión incolora e insabora, una abreviatura de ¡Hijueputa!, esta sí una palabra ofensiva y que en el insulto callejero la gente le agrega doble, triple y hasta tetra, porque piensan que así elevan al infinito la ofensa.

Pero la palabra ¡Hijueputa! es un vocablo genérico y tiene los más diversos significados; apunta en primer lugar a la madre, igual que ¡Malparido!, que es el segundo insulto preferido por los colombianos. Después, estas palabras sirven para todo, e incluso en ocasiones son una expresión cariñosa. Yo que nunca he utilizado esas palabras como insulto, las empleo con frecuencia como desahogo con una eficacia enorme, pues me ayuda para reducir el dolor cuando el dedo pequeño del pie choca aparatosamente contra un objeto y grito adolorido: ¡Hijueputa!, saltando en un solo pie.

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