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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

Respuesta a Eduardo Dávila

A finales del mes pasado circulaba en redes sociales un fragmento de una entrevista en donde Eduardo Dávila, máximo accionista del Unión Magdalena, criticaba al fútbol femenino: “Yo no estoy de acuerdo con el fútbol femenino. Ese no es un deporte para la mujer. Que vayan a jugar tenis, que vayan a jugar voleibol, dominó, pero fútbol no”, dijo Dávila sin ningún reparo. Tanto así, que segundos después se le ve riéndose mientras mira a alguien que está detrás de la cámara.

Acá hay mucha tela para cortar: es casi que ridículo tener que aclararle al señor Dávila, hoy por hoy, que no es cierto lo que de forma risueña afirma. El fútbol sí es un deporte para mujeres. De hecho, por lo menos en Colombia, ellas en mucho menos tiempo han conseguido más logros. Con poco más de una década de existencia del fútbol femenino, las jugadoras han alcanzado lo que al fútbol masculino le tomó generaciones, a pesar de contar con un ínfimo respaldo financiero, institucional y mediático, porque los medios también tenemos responsabilidad acá.

La selección masculina clasificó por primera vez a un Mundial en 1962 y no superó los cuartos de final sino hasta 2014, su única vez. Por su parte, la selección femenina, creada oficialmente en 1998, ya ha disputado tres Copas Mundiales (2011, 2015 y 2023), llegó a cuartos de final en la última edición y clasificó a tres Juegos Olímpicos. Además, en 2022, la selección Sub-17 fue subcampeona mundial, algo que nunca ha alcanzado ninguna categoría masculina del país. En clubes, Atlético Huila fue campeón de la Copa Libertadores Femenina en 2018, cuando en nuestro país ni siquiera existía una liga femenina profesional consolidada.

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