
Estimados:
Saben bien la responsabilidad que tienen sobre los hombros. Desde el día en que fueron elegidos por la Asamblea General de Accionistas para administrar los destinos de la compañía más importante para los colombianos, fue claro para ustedes que sus decisiones, acciones y omisiones serían determinantes para el futuro de Ecopetrol. También sabían, porque nunca ha sido distinto, que el peso del gobernante de turno en los destinos de la compañía sería una pieza fundamental de su administración. No era una tarea sencilla. Enfrentaban ustedes el desafío de no contrariar –no mucho al menos– a un presidente que detesta el negocio de los hidrocarburos, que dice sin sonrojarse que el petróleo es peor que la cocaína y que, también, miente por conveniencia ideológica y también por mera ignorancia. Recordarán ustedes cómo, en enero de 2023, el presidente Petro decía en Davos que las exitosas políticas de su gobierno ya habían logrado que “el país tuviera reservas suficientes de gas para el consumo interno entre 2037 y 2042”. Esa declaración, sin ningún fundamento técnico, ni fáctico, terminó por convertirse en un chiste interno en la industria.
Su ministra de Minas y Energía de aquel entonces, Irene Vélez, fue incluso capaz de falsear un informe de reservas, a pesar de las advertencias de sus propios técnicos, como la viceministra de Energía, Belizza Ruiz, de que el documento era irresponsable, no se sostenía desde el punto de vista técnico y jamás había aprobado que su nombre hubiera sido puesto en ese informe. De manera que, lo saben ustedes, la labor que tenían por delante no era cosa sencilla. Luego, para terminar de cerrar el círculo vicioso en el que se ha convertido este drama de Ecopetrol, el presidente de la compañía, Ricardo Roa, se ha visto envuelto en todo tipo de escándalos. Se le cuestiona su labor como gerente de la campaña de Petro presidente; sus extrañas relaciones comerciales con Serafino Iacono y la compra –y remodelación– del famoso y lujoso apartamento 901 en Bogotá; hay preguntas serias sobre las influencias de su pareja, Julián Caicedo Cano, en contrataciones en Ecopetrol y en sus filiales, y otros asuntos que ustedes conocen mejor que yo.
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