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Jaime Honorio González
Puntos de vista

Una anécdota

Esta semana, una presentadora de televisión publicó en las redes sociales de su programa los avances de una entrevista que le realizó a la pareja formada por la representante a la Cámara del departamento de Córdoba, Saray Robayo, y Emilio Tapia, condenado no una sino dos veces por varios delitos relacionados –las dos veces– con sobornos y corrupción, en resumen, por robarse al Estado las dos veces, primero a Bogotá cuando el tristemente célebre ‘carrusel de la contratación’ en tiempos del alcalde Samuel Moreno; y después al país entero cuando la desvergüenza de ‘Centros Poblados’ en el gobierno de Iván Duque, probando de esta manera que se puede delinquir sin problema durante ambas orillas ideológicas.

Seguramente, con su botín pudo –las dos veces–pagar diligentes abogados que –a pesar de todo lo que ha hecho– hoy lo tienen libre, dando divertidas entrevistas y caminando plácidamente por las calles de este país, con la conciencia más o menos tranquila, nada que unos malhabidos milloncitos no ayuden a calmar. No debe ser fácil.

Y, además, disfrutando de las mieles del amor. Ambos tienen todo el derecho. Incluso el de contar sus intimidades en público, ni más faltaba que no se pudiera.

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