
No es un secreto que Colombia es un país con una arraigada tradición de genuflexión al extranjero. Generalmente, alguien con acento foráneo logra conseguir con mayor facilidad lo que a una persona local le tardaría más tiempo o le llegaría con menos generosidad. Si bien la historia de El embajador de la India es una magnífica representación de nuestra eterna pleitesía a todo lo que implique larga distancia, lo curioso de esto es que no son pocos los casos de grandes personalidades mundiales que tienen, en sus paseos a Colombia, momentos que marcan para siempre su vida.
Este es el país en donde el papa se devuelve con un ojo morado a la Santa Sede, en donde por un escándalo sexual, a manera de oxímoron anecdótico, queda expuesto al público el servicio secreto del presidente de Estados Unidos. También es este el lugar en donde tristemente pasaron a mejor vida Carlos Gardel, Olimpo Cárdenas, Gustavo Cerati y, más recientemente, Taylor Hawkins.
El fútbol, que es lo que nos atañe en estos textos, también ha traído grandes momentos: Colombia es el país en donde O Rei Pelé recibió su primera tarjeta roja. Fue durante un partido amistoso en 1968 y la mayor consecuencia de dicha expulsión fue que el árbitro, Guillermo 'el Chato' Velásquez, fue expulsado también por un público enardecido que pedía a gritos el regreso del astro brasileño al partido. También está la fábula sobre Lionel Messi que cuenta que compró una pistola de balines de plástico en el Sanandresito de Pereira durante un Sudamericano Sub-20 en 2005. Ahora, quizá el mayor recuerdo que haya dejado la visita a Colombia en algún futbolista de élite lo vivió meses antes de disputar el Mundial de México 70 el entonces capitán de la Selección de Inglaterra, Bobby Moore.
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