
Muchas personas creen que evitar las inversiones es una forma de proteger su dinero. Guardarlo en una cuenta de ahorros o en efectivo “debajo del colchon” parece una decisión prudente cuando se teme al riesgo. Pero lo que pocos entienden es que no invertir también es una decisión financiera —y una de las más costosas a largo plazo— porque la inflación hace que todos los días el capital pierda su valor. Lo que 1.000 pesos compran hoy no va a ser lo mismo que lo que compran en el futuro: va a ser menos.
Por ejemplo en Colombia, la inflación anual fue del 9,28 por ciento en 2023. Eso significa que con 1 millón de pesos en 2024 se puede comprar lo que se compraba con aproximadamente 910.000 el año anterior. Es como si se hubieran perdido 90.000 pesos. Por otra parte, si ese mismo dinero se hubiera invertido, por ejemplo, en un fondo diversificado con un retorno del 8 por ciento efectivo anual, la pérdida real se habría reducido, o incluso podría haberse transformado en una ganancia si se hubiera conseguido una rentabilidad superior a la inflación.
Este fenómeno no es exclusivo de economías emergentes. En Estados Unidos, con una inflación promedio del 3 por ciento anual, quienes dejan su dinero guardado pierden casi un tercio de su poder adquisitivo en solo diez años. Es el precio de la inacción, un 'impuesto invisible' que no se declara, pero que se paga sin falta.
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