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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

El secreto de sus ojos

Hace poco volví a ver El secreto de sus ojos, la conmovedora película argentina de Juan José Campanella basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri y que ganó el premio Oscar a mejor película extranjera en 2010. La encontré mientras pasaba canales y luego de ver una serie argentina me apareció como película sugerida. Así que me detuve allí, puse play y me dispuse a asombrarme otra vez tal cual ocurrió con el par de veces que la había visto anteriormente. Volví a ella como se regresa a esos amores indelebles y ratifiqué el pedazo de joya que es.

Además de la trama, el hilo argumental, la tensión narrativa y las impecables actuaciones otra vez quedaron retenidas en mi memoria algunas frases que nos recuerda nuestra fragilidad una vez más. Por ejemplo, cuando se afirma que “El ‘pero’ es la palabra más puta que conozco. ‘Te quiero, pero...’; ‘podría ser, pero...’; ‘no es grave, pero...’. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es”. La frase no necesita demasiadas explicaciones: es tan brutal como certera y lo que parecía promesa se vuelve excusa.

Así el “pero” se vuelve el espejo de un tiempo donde todo pareciera decirse a medias y donde las palabras parecieran postergar una vez más toda certeza. Es la verdadera voz de la indecisión. Todo lo contrario, a la frase “Mi vida entera fue mirar para adelante, atrás no es mi jurisdicción. Me declaro incompetente” o “Ya no sé si es un recuerdo o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando, ¿se da cuenta?”. Allí está la memoria como uno de los grandes asuntos humanos y los recuerdos que se van modificando según las emociones. Cada recuerdo puede ser reinterpretado y reinventado. Sacheri quizás nos subraya que recordar no es revivir sino reconstruir y que la memoria se transforma en algo nuevo hecho de retazos y ausencias.

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