La organización terrorista chiita libanesa denominada Hezbolá está unida con las disidencias de las Farc, el ELN y el Cartel de los Soles, formando una red criminal que opera a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela. No se trata de una hipótesis ni de informes aislados. Es un engranaje documentado, una bomba de tiempo, que combina terrorismo, narcotráfico y lavado de dinero con protección estatal. Una estructura que no conoce fronteras y que amenaza con convertir a la región en uno de los santuarios más peligrosos del crimen organizado y del fanatismo internacional.
Así lo confirma un memorando confidencial del pasado 25 de mayo, elaborado por funcionarios de la Oficina de Asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado, que fue compartido con agencias de inteligencia de Estados Unidos ya que describe cómo opera la nueva alianza entre el grupo también conocido como, Hezbulá, Hizbulá, Hezbollah o Hizbullah, las organizaciones armadas colombianas y el Cartel de los Soles del vecino país.
El documento, difundido por los colegas de Blu Radio y obtenido también por esta columna, revela una alianza criminal que funciona como un sistema aceitado: rutas que parten de Dubái, atraviesan Venezuela y Colombia, se ramifican en el Caribe y desembocan en circuitos financieros globales. En el centro de todo aparece la frontera binacional, convertida en un eje logístico donde confluyen cargamentos ilícitos, dinero y operaciones clandestinas.
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