
En la última década –especialmente en Argentina– se ha vuelto famosa la teoría, hoy ya casi una ley, de que los jugadores colombianos juegan sin contexto. Explico: hay momentos en los que los futbolistas colombianos, en especial los que juegan en el exterior, parecen desconectados del guion del partido. A veces se hacen expulsar, se arrodillan para rezar en momento clave o hacen una rabona cuando hay que aguantar el resultado. No es que no sepan jugar: es que juegan como si el fútbol solo tuviera instantes. Como si cada pelota fuera la última, o la primera. Da lo mismo que sea la final del mundo o un partido de barrio.
La teoría la creó Luquita Rodríguez, un streamer argentino, quien quizá no ha asimilado que desde que se habla de esto, como dirían en Mar del Plata, nos cagó: “Los futbolistas colombianos juegan sin contexto a la pelota: ni para bien, ni para mal. O sea, la misma razón por la que uno puede hacer una chilena en mitad de cancha y que termine en gol o por la cual puede pegarle un codazo a un rival sin ningún tipo de lógica. Es como que no logran conectar con el contexto del partido. Juegan todos los partidos igual: se reinician y todos los partidos son el mismo”.
Casos son muchísimos, pero mencionaré algunos relevantes. En 2018 se jugaba la final de la Copa Libertadores entre River y Boca en Madrid, dado que hubo disturbios antes del partido de vuelta en el estadio de River. Ya de por sí se sabía que iba a ser una final histórica y que el equipo perdedor iba a quedar muy afectado. Además, era casi un oxímoron de torneo jugar la Copa Libertadores de América en Madrid y en el estadio que más representa a la corona española. Era la Copa Conquistadores y el partido más tensionante, por lo menos, de la historia del fútbol argentino.
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