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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

Once apellidos vascos

En el fútbol hay equipos donde el arraigo pesa más que cualquier otro valor del club. No basta sólo con jugar bien, sino que hay que venir “de aquí”, ser local. El caso más famoso es el Athletic Club de Bilbao, que desde hace más de un siglo sostiene una política: solo compiten quienes han nacido o se han formado futbolísticamente en el País Vasco o sus alrededores. La idea puede sonar romántica y de cierta forma admirable. Una resistencia cultural de imponer lo propio frente a la globalización. De hecho, ha sido replicada en otras partes del mundo: las Chivas de Guadalajara, en México, solo aceptan jugadores mexicanos; El Nacional, en Ecuador, durante décadas alineó únicamente futbolistas nacidos en el país. Hoy, en un tiempo de partidos cada cuatro días y con tanta necesidad de jugadores —materia prima del deporte— preservar una identidad es una gesta de admirar. El problema está cuando la pertenencia se decide por el apellido o el color de piel. Lo que le pasó este verano a Nico Williams no es otra cosa que la muestra de la conveniencia escondida que tiene, en algunos casos, ese regionalismo.

Nico Williams nació en Pamplona, de padres ghaneses, y se crio en Lezama, la fábrica de jugadores que tiene el Athletic de Bilbao. Junto a su hermano Iñaki —el primero de la familia en llegar al primer equipo— han sido símbolo de lo que significa abrir el concepto de “vasco” a la realidad actual. Ambos debutaron en un club que presume de su cantera y de ser únicamente con jugadores de la región.

En junio de este año, mientras crecían los rumores sobre una posible salida de Williams al Barcelona, una parte de la hinchada estalló: pintaron un mural en Barakaldo que lo retrataba junto a su hermano. Borraron su cara y escribieron la frase “has perdido el respeto”, y días después le añadieron un insulto racista. En redes sociales lo llamaron “africano”, “no vasco”, “traidor”. Por un rumor de un fichaje, el mismo jugador que había llevado la camiseta rojiblanca con orgullo terminó en la picota pública por tener una raíz que algunos siguen considerando ajena. El club y su hermano salieron a defenderlo, aunque el caso deja una marca más profunda.

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