
Esta semana vimos cómo el oportunismo no tiene límites. Luego de que la Selección Colombia cerrara sus eliminatorias al Mundial de 2026 en el tercer lugar -por encima de Uruguay y Brasil-, varios de los miembros del actual Gobierno salieron a adjudicarse la clasificación a la Copa del Mundo. Lo curioso es que lo hacen aun cuando, como lo he dicho varias veces en este espacio, de los gobiernos recientes este ha sido el que menos ha apoyado al deporte nacional. Y eso que entiendo que el apoyo de los gobiernos anteriores tampoco es que haya sido generoso.
Una de las publicaciones más sonadas fue la de la precandidata presidencial Susana Muhamad, en donde comparó la goleada 3 a 6 de Colombia sobre Venezuela con la que, según ella, golearán el fascismo con otro gobierno progresista que venga en 2026. Si bien es un mensaje propio de esta época preelectoral, es bueno tratar de no politizar un partido de la Selección, casi que el único símbolo que nos une como país.
Ahora, el que sí quedó fuera de lugar -nunca mejor dicho- con sus declaraciones, fue el actual ministro del Interior, Armando Benedetti. En un video en sus redes sociales aseguró que “si hay algo que es bueno para el país es el fútbol y las políticas sociales. En el fútbol hemos clasificado hoy al Mundial, pero no lo hicimos cuando la derecha estuvo en el poder”. Si bien eso es cierto, porque en los gobiernos de Pastrana, Uribe (dos veces) y Duque no fuimos al mundial, la clasificación de la Selección Colombia al certamen de 2026 no tiene algún vínculo con el actual Gobierno y, en caso de tenerlo, sería haber clasificado a pesar del Gobierno y no gracias al mismo.
Puedo asegurarle, señor ministro, que acá el dato no mata el relato. Usted hizo parte de algunos de esos gobiernos que menciona en el video. Por otro lado, la independencia (en especial financiera) de la Federación Colombiana de Fútbol es total. Poco se han inmiscuido los gobiernos en esta materia. En estricto sentido, el único presidente que ha tenido alguna injerencia en la clasificación a un mundial es Juan Manuel Santos, porque fue él quien hizo toda la gestión para traer a José Néstor Pékerman. El resto, incluido Gustavo Petro, se ha mantenido al margen de las decisiones que toman en la FCF.
Está más que claro que al actual Gobierno no le interesa el deporte. Ni el profesional, ni el recreativo. Si algo ha habido desde el año 2022 en políticas deportivas ha sido un “_shu shu shu_” para lo que antes, mal que bien, funcionaba. Tan poco relevante es el deporte para la agenda ejecutiva, que en el discurso para el nombramiento de la ministra el presidente Petro dijo: “no he visto la bondad de haber creado ese ministerio. No la encuentro. Me parece que es más una pérdida de tiempo”. En casi tres años tuvimos cuatro ministras, las cuales iban rotando luego del escándalo de turno.
Hay que ser caradura para inflarse el pecho con esta clasificación cuando la semana pasada la Plaza de Bolívar estuvo copada de deportistas y de federaciones nacionales protestando por la reducción al presupuesto al deporte. La marcha estuvo respaldada por los dirigentes de los comités Olímpico y Paralímpico Colombiano e incluso varios medallistas, como Rigoberto Urán, Ángel Barajas y Fabio Torres, hicieron un llamado a reconsiderar la decisión e invertir más dinero en los deportistas. La cartera del deporte en 2024 fue de 1,3 billones de pesos, y este año bajó a 464.000 millones y se estima que para 2026 quedará en 312.000 millones. Sería una reducción del 76 por ciento.
Este fue el Gobierno que dejó perder la sede de los Juegos Panamericanos de Barranquilla 2027 por la negligencia a la hora de hacer el pago de 4 millones de dólares a Panam Sports. Luego, y como paños de agua tibia, el presidente Petro dijo que ese dinero se iba a invertir en los Juegos Intercolegiados de 2024. Dichos Juegos tampoco se dieron: tuvieron que ser suspendidos porque el Ministerio de Hacienda no giró los recursos solicitados. Ni yermis se pudo jugar.
Ahora, confieso que en 2022 estuve algo esperanzado de ver que este presidente era el que, por fin, iba a hacerle frente a los dirigentes deportivos. Finalmente iba a haber alguien que le quitara el blindaje a Ramón Jesurún, Álvaro González Alzate y compañía. Se decía que iban a acabar con la compinchería, las reelecciones a dedo y los cargos vitalicios. Ya no íbamos a tener los ministros, magistrados o fiscales ‘todo pago’ en el estadio de Barranquilla. Nada de esto pasó; tan poderosos son los dirigentes del fútbol colombiano, que Ramón Jesurún estuvo arrestado en Estados Unidos, vestido de overol naranja, por haber agredido junto a su hijo a miembros de seguridad del estadio de Miami, y no pasó nada. El Gobierno que buscaba desenmarañar el turbio negocio del fútbol decidió mirar para otro lado. Orange is the new yellow.
El deporte es un derecho, enseña valores y es vital para un país tan dividido como el nuestro. Por lo visto, el 7 de agosto de 2026 se va otra oportunidad de darle vuelo a unas verdaderas políticas deportivas.
Por cierto, ministro Benedetti: termina usted su video diciendo que la primera vez que fuimos a un Mundial fue con Alberto Lleras Camargo. Es cierto, de la mano de Adolfo Pedernera fuimos al mundial de Chile 1962. Sin embargo, sepa usted que tan poco le importaba el fútbol a Lleras que en la despedida que le hizo a la Selección dijo: “muchachos, que les vaya bien y que metan muchas canastas”. Una pifia por el estilo hizo usted el miércoles pasado.
Lea los comentarios


















