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Yannai Kadamani Fonrodona
Puntos de vista

El San Juan, un diálogo posible

Contar la historia del Hospital San Juan de Dios es contar, en buena medida, la historia de Colombia. Es la historia de quienes han intentado recuperarla —su memoria— y también de quienes han preferido mantenerse al margen. Pero incluso cuando no se quiere ser parte de una historia, se pertenece a ella.

Desde sus orígenes coloniales, hace más de cuatro siglos, cuando atendía por igual a indígenas y españoles, este hospital asumió como principio el derecho a la vida y el valor de la salud sin distinción de etnia, clase o color. Durante décadas sostuvo esa convicción. Pero el paso del tiempo no llega solo: llegan también los gobernantes, sus reformas, sus leyes y sus decisiones. Muchas de ellas debilitaron esa vocación de vida, deterioraron la atención y dejaron sus edificios en ruinas. El San Juan de Dios fue empujado al recuerdo.

Y desde el recuerdo, trabajadores, trabajadoras y liderazgos políticos defendieron la necesidad de recuperarlo. Una acción popular y el impulso colectivo de la Bogotá Humana y el Cambio insistieron desde todos los frentes —político, jurídico, administrativo y humano—. Ha sido casi una década de tensión y dos años de reconciliación: reconstruir no solo edificios, sino diálogos, voluntades y confianzas, hasta alcanzar este acuerdo nacional.

El pasado 27 de enero, Gustavo Petro, el presidente de la República, y Carlos Fernando Galán, el alcalde de Bogotá, llegaron al hospital. El gesto fue sobrio, pero necesario. Cuando están en juego la protección del patrimonio, la memoria de una nación y el derecho a la salud pública, el encuentro entre autoridades es una forma sensata de gobernar. El arte del diálogo, entendido como método para ordenar decisiones y coordinar capacidades, permitió avanzar hacia un propósito común: ofrecerle al país, desde lo público, un espacio de calidad para la salud de las y los colombianos, garantizando derechos y cerrando brechas, a través de la estructuración de un convenio de operación que hará posible la recuperación integral del Hospital San Juan de Dios y la prestación de servicios de salud de mediana y alta complejidad.

Desde el año pasado avanzan obras en trece edificios, entre ellos el Materno Infantil, está prevista la entrega en comodato del Edificio Central, la habilitación del ala de urgencias y del edificio de mantenimiento, así como el inicio de la atención en consulta externa del Instituto Nacional de Cancerología. A ello se suma la proyección de nuevos servicios de formación, investigación y atención en salud.

Desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes sostenemos que hay patrimonios que solo adquieren pleno sentido cuando se les devuelve la vida. El patrimonio no se conserva únicamente para ser contemplado, sino para ser habitado y resignificado. Eso es lo que ocurrirá en el San Juan de Dios en los próximos meses.

El San Juan de Dios es, en última instancia, la obra de un país que decide no renunciar ni a su historia ni a su derecho a la salud, y que hace del diálogo —incluso de los que parecen  imposibles — un método para reparar la vida.

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